jueves, 24 de mayo de 2018

PSICOLOGÍA DE LA CORRUPCIÓN


"El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente"


A la vista del modelo político, empresarial y financiero con una clara tendencia hacia la corrupción, vamos a desarrollar  este tema para ver qué hace que una persona se vuelva corrupta. La corrupción no es una patología, sino unos rasgos determinados que hacen que una persona tenga tendencia a ser corrupta.

Existen una serie de factores inherentes a la corrupción:
  1. Tendencia a identificar el éxito con el dinero.
  2. Falta de conciencia por parte de la población de que los bienes públicos se consiguen a través del esfuerzo de todos y deben ser respetados para asegurar el bienestar social.
  3. Prevalencia de la moral heterónoma (que nos lleva a cumplir leyes por miedo al castigo) sobre la moral autónoma (sentimiento interiorizado que nos motiva a cumplir la ley)
  4. Costumbre. La corrupción se acepta como algo normal ante la aparente impunidad de los que delinquen y eso hace que más personas se muestren predispuestas a delinquir.
Estos factores llevan a la sociedad a interiorizar una percepción subconsciente de que defraudar es lícito y aceptable. De esta manera surge tolerancia y benevolencia hacia la corrupción, así como falta de conciencia y desmotivación social para cumplir las leyes y predisposición a defraudar si surge la ocasión.

Básicamente, el camino que lleva a la corrupción es la combinación de un entorno propicio, una oportunidad y un tipo de personalidad que, una vez superado el miedo a un posible castigo, antepone el beneficio individual al interés común y el cumplimiento de la ley.

Nadie está libre de ser corrupto a pequeña escala (no pagar el IVA, fingir una enfermedad para no ir a trabajar, falsificar algún dato para obtener un beneficio social...), pero hay profesiones de riesgo, como pueden ser el mundo de la política o el de las finanzas. 


TIPOS DE PERSONALIDAD PROPENSOS A LA CORRUPCIÓN

  • Narcisista. Están convencidos de que son superiores. Se caracterizan por un patrón de grandiosidad y tienen necesidad de ser admirados. Carecen de empatía. Utilizan a los otros para satisfacer sus deseos y fortalecer su autoestima.
  • Antisocial. Sienten necesidad de mostrar su superioridad. Son explotadores y manipuladores. Violan de manera sistemática los derechos de los demás y son propensos a delinquir. No aceptan la culpa de los delitos que cometen y, a pesar de que pueden llegar a sentir vergüenza ante el escarnio público, nunca muestran señales de arrepentimiento.Muestran frialdad emocional y carecen de ética. 

El poseer estos rasgos no quiere decir que esa persona sea mala o corrupta, solamente se pone de manifiesto un mayor riesgo si se le presenta la posibilidad de  delinquir.

La corrupción aparece cuando el beneficio obtenido es mayor que el potencial coste de ser descubierto. Normalmente comienza con la idea de delinquir una sola vez, pero si sale bien y no es descubierto éste será un incentivo para delinquir de nuevo. Desde un punto de vista psicológico, se puede comparar con las características de una adicción que da placer al que la comete.

La teoría económica explica, a través del dilema del prisionero, las consecuencias perniciosas de no cooperar aunque esta decisión vaya en perjuicio de todos (ejemplo: si todos presumen de evadir impuestos, todos lo harán). En sentido contrario también se puede alcanzar un equilibrio basado en la honradez, cuando pasado el tiempo todos descubren que están mejor si todos cumplen. Cuando se tiene conciencia, todos saben que habrá mayor sanción hacia el tramposo.

En conclusión, no existe un tratamiento psicológico para los corruptos, porque la corrupción no es una patología, sino un rasgo que puede predecir una verdadera patología, como el trastorno narcisita de la personalidad o el trastorno antisocial de la personalidad.



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